El chequeo médico veterinario preventivo puede salvar la vida de tu gato

El chequeo médico veterinario preventivo puede salvar la vida de tu gato

Aunque tu gato pase sus días durmiendo plácidamente en el sofá y no tenga que cazar ni esforzarse por esa deliciosa lata de paté, en su información genética está grabado el hecho de ser entre las especies felinas, el predador más pequeño, por ende el más vulnerable, así que mostrar signos de enfermedad es debilidad y eso atrae a otros predadores más grandes y fuertes, así que prefiere ocultar al máximo la enfermedad y el dolor. Por eso en el gato más que en cualquier otra especie doméstica, el chequeo médico veterinario preventivo es indispensable.

¿En qué consiste el chequeo médico veterinario preventivo?

En términos muy generales, el chequeo se compone de un examen físico y unos exámenes de laboratorio. En el examen físico, el médico veterinario revisa sus signos vitales, escucha su corazón y pulmones, mira boca, ojos, oídos, palpa el estómago, las extremidades, observa el estado de su pelo y piel.

Además, toma unas muestras de sangre y orina las cuales envía al laboratorio para obtener un hemograma completo y un urianálisis, a través de los cuales evalúa el estado de sus defensas y descarta procesos inflamatorios o infecciosos, virus, bacterias, parásitos, anemia, enfermedades medulares, leucemia, problemas renales, entre otros.

¿Cada cuánto se le debe hacer a un gato este chequeo preventivo?

Como mínimo una vez al año, aunque realmente lo ideal es dos veces al año de modo que se pueda identificar muy pronto cualquier cambio en su estado de salud tal como una variación en el peso o en la apariencia de su pelo o dientes y poder auscultar y tratar muy temprano.

Adicional a los chequeos preventivos, ¿qué signos deben alertarte frente a la salud de tu gato?

Los siguientes  son los 10 signos sutiles que indican enfermedad en el gato, según  la AAFP (Asociaciones Estadounidense de Especialistas en Felinos):

- Mal aliento.

- Pérdida o ganancia de peso súbita e inexplicable.

- Cambios en el consumo de agua y/o alimento.

- Eliminación por fuera de la caja sanitaria.

- Cambios en sus hábitos de sueño.

- Cambios en la actividad (actividad o quietud exagerada).

- Cambios en sus interacciones con el propietario, otros animales y entorno.

- Cambios en las vocalizaciones.

- Signos de estrés sin causa aparente.

Si detectas alguno de estos signos sutiles en tu gato, consulta de inmediato con su médico veterinario.


Escrito por:

Ana Gallo. Etóloga

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